AGUA DEL
POZO
Autor : Desconocido.
AGUA DEL POZO
Había una vez una vez un hombre de noble cuna , que después de atravesar el desierto llego a un poblado lleno de árboles y huertos y lo primero que encontró fue un pozo , sediento como estaba se acerco para saciar su sed , pero el agua estaba tan profunda , que era inaccesible y nada de su alrededor podía facilitarle el alcanzar el agua , por ello decidió sentarse junto al pozo a esperar que pasara alguna cosa y confiando en Dios.
Al poco rato , se aproximo una mujer con una jarra asentada en su cadera y una cuerda en la mano. Al verle allí sentado , con una sonrisa le saludó. - " La paz de Dios sea contigo"y el le respondió .-" Su paz sea contigo"Y la mujer sin decir nada , deslizo de sus manos la cuerda dentro del pozo y atada en un extremo la jarra , que hizo descender lentamente y con cuidado luego se oyó el chapoteo de la jarra al hundirse en el agua , entonces la mujer alargando el brazo , removió la cuerda para que se llenara el recipiente y empezó a tirar de ella hacia arriba con fuerza y cuidado.
Mientras el hombre sentado al lado del pozo le contaba , lo mucho que había viajado y que había conocido todo tipo de pozos .La mujer de cuando en cuando se lo miraba sin dejar de sonreir...y tiraba y tiraba de la larga cuerda subiendo la jarra .
Yo he conocido pozos mucho mas grandes que este y he probado aguas salobres y otras mas dulces y parece mentira la gama de sabores que pueda tener el agua...El hombre comentaba . Ella le dirigía alguna mirada asintiendo sus palabras...al final haciendo un último esfuerzo la mujer cogió por un asa la jarra, la descanso sobre el borde del pozo y recogió la cuerda , agarro la jarra mojada se la planto al costado y dirigiendo una mirada al hombre le dijo .-" Pues muy bien , estad con Dios.." y se marcho.
El hombre sin moverse de donde estaba vio como se alejaba la mujer y abatido se dispuso a esperar que Dios en su Misericordia le proporcionara la manera de poder beber agua de aquel pozo...
Fin.
La Casita Misteriosa

Aquella preciosa casita, situada detrás
de las siembras de maiz de mis abuelos, abría
sus puertas cada mañana para dar la bienvenida
a todos los soñadores que la quisieran visitar.
Una tarde, tres amiguitos que jugaban por los
alrededores de los maizales, se sentaron al lado
del río para compartir sus sueños…
Se llamaban Carlitos, Pedrito y Manuel.
- Yo quiero saltar en paracaídas. Dijo Carlitos.
- Yo quiero tener toneladas de caramelos para mi solo.Dijo Pedrito.
- Yo no quiero ir a la escuela y quiero ser ya un hombre.Dijo Manuel.
Los tres amiguitos observaron una hermosa ave blanca que
voló frente a ellos.
El ave los miró y aceleró su vuelo .
Los niñitos la siguieron con gran curiosidad. Cuando se
perdió de vista, pudieron apreciar una casa que lucía
solitaria. La puerta principal abierta.
Caminaron hacia la casa y entraron con precaucion.
Una vez dentro de la gran sala, se soprendieron al ver que
todas las paredes estaban cubiertas de espejos. No había
ventanas ni puertas, excepto la puerta por la que habian
entrado, la cual al cerrarse, tambien era un espejo.
Los amiguitos se acercaron cada uno a un espejo, y de
pronto, vieron sus sueños hechos realidad.
- Estoy cayendo en un paracaidas! grito Carlitos. La sensación
era tan real, que los cabellos del niño parecían movidos por
una gran cantidad de viento y la sensación de caída
libre se sentía intensamente en su barriguita.
- Y yo estoy montado sobre una montaña de caramelos, y
son todos míos. Grito Pedrito. El alegre niño quitaba las envolturas
de los caramelos y se los metia en la boca uno tras otro.
Pero llegó un momento en que había comido tantos
caramelos que deseó salir de su sueño de inmediato.
El tercer niñito, Manuela, se vió sentado en una mecedora, ya hecho hombre,
añorando su niñez, cuando tuvo la oportunidad de ir al colegio y
estudiar y prepararse para el futuro. Se vió triste por haber perdido
esa maravillosa etapa de su vida.
Como no le gustó esa imagen de si mismo, salió corriendo de la casita, seguido por sus dos entusiasmados amiguitos.
Los tres compartieron su breve experiencia, realmente asombrados
por la magia de esa hermosa casita:
- Yo seré paracaidista. Me acabo de dar cuenta de que mi futuro
está en el aire, estudiaré aviación. Afirmó Carlitos muy
seguro y satisfecho.
Pedrito dijo:
- Yo me he dado cuenta de que tenía un sueño que no me llevaría
a otra cosa que enfermarme del estómago. Después del quinto
caramelo me arrepentí de mi sueño. Me parece que fué un
sueño egoísta. Ahora pensaré en un nuevo y mejor sueño y
mañana se los contaré.
Y Manuel comentó apenado:
_ Yo comprendo ahora porque los niños debemos ir al colegio y me
siento muy afortunado de tener esa oportunidad. Ahora mi sueño es
estudiar.
FIN
Contemos
hasta
tres

Tres hermanitas caminaban juntas hacia el colegio y
para divertirse decidieron nombrar una por una
todo lo que por el camino iban viendo.
- El sol! dijo una
- Las nubes! dijo la otra.
- El cielo! dijo la tercera.
- Los pájaros! dijeron juntas.
Entonces,una de las hermanitas dijo:
- Este juego es muy fácil y me estoy comenzando a aburrir.
- Qué les parece si cada una nombra tres objetos que estén relacionados
entre si.
- Por ejemplo: pájaro, nido, árbol.
- De acuerdo, contestaron las otras dos hermanitas al unísono.
- Quién va a ser la primera?
- La que llegue primero a aquel árbol.
- Muy bien, contaré hasta tres para indicar la partida. Dijo la hermanita que había inventado el juego.
- Un, dos , tres, partida.
Las tres hermanitas corrieron, pero llegaron al árbol al mismo tiempo.
Y ahora qué hacemos para decidir cual será la primera? - La que lance una piedrecita más lejos, será la primera. Las tres hermanitas buscaron tres piedrecitas del mismo tamaño, y contaron juntas: - Un, dos, tres, partida… Y lanzaron las tres piedrecitas lo más lejos que pudieron, pero las piedrecitas chocaron en el aire y se partieron en pequeños pedazos. Una vez más, no pudieron decidir quién sería la primera en nombrar los tres objetos. Siguieron caminando hacia la escuela y vieron el gran reloj situado en el tope de la iglesia. - Son casi las 3:00 de la tarde. Ya va a empezar la clase. - Corramos! Contestó una de las hermanitas. Las tres hermanas corrieron pués no era la primera vez que llegaban tarde a la escuela por detenerse a jugar y divertirse en el camino. - Un, dos, tres, la última llevará los libros de las otras dos de regreso a casa esta tarde. Dijo la hermanita que más inventaba juegos de las tres. Las tres aumentaron la velocidad y corrian riendose por las callecitas empiedradas. En eso sonaron las tres campanadas del reloj de la iglesia. - Corran más fuerte hermanitas, que nos meteremos en un problema si no llegamos a tiempo. Y una vez más, desde la ventana del salón de clases, la maestra vió entrar a las tres unidas hermanitas a través de la gran puerta de madera. - Una, dos , tres, contó la maestra. Las hermanitas González, siempre llegan corriendo y jugando. Pero una vez más llegaron juntas a la puerta del salón, y como siempre, cada una llevó sus útiles escolares de regreso a casa. FIN
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El Pequeño Milagro
por Amarilis Irigoyen
En las aguas cristalinas de un lago, se veía el reflejo de un pequeño Gusanito, quien parado junto a un árbol lloraba y gemía sin parar.
¿Por qué soy tan feo?. Se preguntaba el Gusanito.
Iba pasando por ahí una Arañita y sin querer, escucho lo que decía el Gusanito.

¡No estés triste, pequeño Gusanito! .Le dijo la Arañita.
¡Yo si que soy fea! Mis patas son muy largas y mi cabeza muy pequeña. Agregó y se fue.
Pero el Gusanito no prestó atención a las palabras de la Arañita y siguió llorando.
¿Por qué soy tan feo?. Seguía preguntándose tras sus sollozos.
Entonces, pasaba por ahí una Ranita, quien se entristeció al oír el lamento del Gusanito.

¡No llores Gusanito! Tu no eres feo. Fea yo con estos ojos saltones y con este obeso cuerpo. Le dijo la Ranita y se marchó.

Pero el Gusanito seguía llorando sin hacer caso de las palabras de la Ranita.
¿Por qué soy tan feo? .Volvió a preguntarse el Gusanito.
Esta vez fue un Caracol quien escucho la tristeza del Gusanito.

¡No es cierto, Gusanito...tu no eres feo! Feo yo, con este tamañito y a demás tener que cargar con este pesado caparazón, que de nada sirve, en tan pequeñito cuerpo. Le dijo el Caracol y prosiguió con su camino.
Pero el Gusanito gemía y lloraba sin encontrar consuelo en las palabras del Caracol.
Y en eso, se escuchó el aletear de una hermosa Mariposa que volaba por ahí y que se detuvo al oír el llanto del Gusanito.

¿Por qué lloras Gusanito?. Le preguntó la Mariposa con ternura.
Por...por...que soy...muy feo. Le respondió el Gusanito con lágrimas en sus ojitos.
¡Tu no eres feo!, fea es la manera como te miras a ti mismo. Le aclaró la Mariposa.
Eso lo dices porque tu eres hermosa y puedes volar por los aires. Le dijo el Gusanito molesto a la Mariposa.
¡No es cierto! El día que dejes de compadecerte y comiences a mirarte con el corazón verás, en esa agua, el reflejo de tu gran belleza y la de aquellos que se han acercado a ti con la humildad de su amor. Le dijo con dureza la Mariposa.
¿Seré tan bello como tu?. Le preguntó con curiosidad el Gusanito.
¡No! Serás más bello que yo...y con un suspiro alzó su vuelo, la mariposa, para alejarse del Gusanito.
El Gusanito se quedó pensando en las palabras de la Mariposa y en todos aquellos animalitos que se le habían acercado con humildad a consolarlo. ¡Qué mal los había tratado!.
Así que el Gusanito tomó una decisión:
Voy a ir a buscarlos. Se dijo con determinación.
Arrastrándose con dificultad llegó hasta la casa de la Señora Araña.

¡Disculpe, Señora Araña! Solo vine a decirle que usted no es fea. Usted tiene unas patas maravillosas que le ayudan a tejer su telaraña y de toda inteligencia tiene llena su cabeza... ¡Feo yo!... Que no aprecié sus palabras. Le dijo el Gusanito a la Araña.
¡Gracias!. Le respondió la Araña.
Volvió a arrastrarse, el Gusanito, hasta llegar a casa de la Señora Rana.

¡Disculpe, Señora Rana! Solo vine a decirle que usted no es fea. Usted tiene unos ojos hermosos y un cuerpo que hace saltar como toda una atleta...¡Feo yo!...Que no aprecié sus palabras. Le dijo el Gusanito a la Rana.
¡Gracias!. Le respondió la Rana.
Una vez más, el Gusanito volvió a arrastrarse hasta llegar a casa del Señor Caracol.

¡Disculpe, Señor Caracol! Solo vine a decirle que usted no es feo. Usted tiene un caparazón muy especial del que puede salir y entrar sin tener que preguntar...¡Feo yo!... Que no aprecié sus palabras. Le dijo el Gusanito al Caracol.
¡Gracias!. Le respondió el Caracol.
Y volviéndose a arrastrar, el Gusanito, llegó al lago donde se detuvo a ver su reflejo por última vez.
Puede que sea feo, pero soy un Gusano con suerte, pues hoy descubrí la belleza de la amistad. Se dijo orgulloso, mirándose en el agua.

Al oscurecer, el Gusanito, se recostó de un árbol y como estaba muy cansado, se quedó dormido.

Al día siguiente vinieron la Araña, la Rana y el Caracol a saludar a su amigo el
Gusanito, pero qué sorpresa se llevaron, al ver que junto al lago ya no estaba el Gusano feo, ahora en su lugar, había una hermosa Mariposa de colores.
Fue entonces, cuando comprendieron, que el milagro de la amistad había transformado al Gusanito, quien con todo su amor abrió sus alas para poder abrazar a sus buenos amigos.


La hormiguita rebelde:
Había una vez una preciosa hormiguita, que vivía junto a sus
cariñosos padres, en una límpia y ordenada casita que se
encontraba situada en el jardín de la familia Pérez.
La hormiguita se llamaba Clara.
Clarita,como le decían sus padres , estaba acostumbrada a que
toda la atención de la familia estuviera centrada sobre ella, y
siempre habia sido muy, pero muy mimada.
Ella era una hormiguita muy peculiar, pués siempre estaba muy
arregladita, y nunca salía de su casa si no llevaba un gran lazo
bien planchado y llamativo en su cabeza. Era presumida y se
veía a si misma como la hormiguita más linda y distinguida de la
ciudad.
Pero un día algo muy importante le sucedió , por lo que
debió tomar una resolución de carácter urgente. Esa
mañana, como cada día, después de bañarse,
cepillarse los dientes y vestirse, Clara fué a la habitación de su mamá
para que la peinara y le pusiera con gran cuidado el gran lazo
en su cabecita.
Pero al entrar a la habitación, encontró a sus padres
contemplando embelesados a cuatro lindas y sonrientes
hormiguitas, las cuales ya tenían en sus cabecitas los lazos
idénticos a los que ella siempre había usado, pero más pequeños.
Los padres de Clarita, habían estado esperando con ilusión desde
la madrugada la hora de informarle a su hija mayor, que acababa
de recibir cuatro hermanitas. Al verla, los dos extendieron sus
brazos hacia ella, para que se acercara y asi conociera a
Claudia, Cleotilda, Clavela y Claré, sus recién nacidas
hermanitas.
- Ven Clarita, acercate para que conozcas a tus nuevas
hermanitas. dijo la feliz madre.
Clara caminó lentamente, con los ojitos inmensos y sin
pestañear, hasta la cunita donde se encontraban los bebés. Pero
al instante dió media vuelta y salió corriendo de su casa.
Después de correr durante unos minutos, escuchó las voces
de algunos de sus compañeritos del colegio, quienes caminaban
del otro lado de los árboles . Clara decidió pasar a través de
los árboles para encontrarse con ellos y contarles sobre su gran
tragedia. Sus padres la habían traicionado. Cómo era posible que
hubieran llevado a vivir a su casa a cuatro hormiguitas, y que
no solo les estuvieran dando amor, sino que además, les hubieran
colocado en sus cabecitas los lazos que eran de su propiedad
exclusiva. Ella era la única hormiguita que llevaba lazos en su
cabeza, y eso era parte importante de su personalidad, y la
distinguía de las demás.
Cuando Clara saludó a sus amiguitos, se dió cuenta de
que todos la miraban con gran asombro.
- Hola, qué les pasa? Hablenme. dijo Clara.
Y de pronto se dió cuenta de que no se había puesto
el lazo por haber salido corriendo de su casa.
- Ahhhhh!!! gritó clara muy fuerte, mi lazo, mi
lazo!!! y corrió nuevamente hacia los árboles y
se quedó ahí escondida hasta que sus amiguitos
decidieron alejarse.
-Qué extraña se veía sin su lazo, verdad?
- Si, al principio yo no la reconocí.Comentaban sus
amiguitos.
Clarita lloró y lloró sentadita sobre una hojita
fresca que acababa de caer de un árbol.
- Ya no podré volver al colegio nunca más. Qué
día tan espantoso. Y todo por culpa de esas hormiguitas
entrometidas y antipáticas que llegaron a mi casa esta
mañana.
Clarita había decidido no regresar nunca más a su casa.
Pero una hora más tarde comenzó a sentir mucha hambre.
Salió de entre los árboles y comenzó a caminar.
Entonces comenzó a notar algo muy extraño.
Todo su cuerpecito se sentía muy liviano. La sensación
era divertida y maravillosa. Se desplazaba con mayor
rapidéz y facilidad. Nunca se había dado cuenta de
cuanto pesaban sus bellos lazos de colores.
Entonces vió acercarse hacia ella a dos señoras hormigas
que iban conversando animadamente. Entonces, una de ellas
se acercó a Clara y le dijo:
- Hola hormiguita, pero que linda eres.
- Gracias señora.
Clara estaba extrañada, pués nunca antes nadie
le había dicho nada parecido en la calle.
Clara siguió su camino, y cada vez se sentía
mejor. No sólo su caminar era más ligero y divertido,
sino que le habian dicho que era una linda hormiguita,
a pesar de no llevar su lazo como cada día.
Al llegar a su casa, vió a su madre paradita en el
jardín esperandola.
Clara corrió hacia su mamá y la abrazó con fuerza.
- Mami, mami.
- Clarita, dónde estabas. Tu papá fué al colegio a
llevarte tu lazo y no te encontró. Ahora está muy
preocupado buscándote por el bosque.
- Mamá, no quiero nunca, nunca jamás usar esos feos
y pesados lazos.
- Pero porqué Clarita?
- Porque hoy me di cuenta de que los lazos no me
dejan correr y divertirme con libertad, además,
yo creí que era una hormiguita especial gracias
a mis lazos, pero ya sé que no es así. Yo quiero
ser yo, y no necesito usar nada en mi cabecita
para que mis amiguitos, mis padres y mis maestros
me quieran.
Mientras su madre la observaba embelesada y orgullosa,
Clarita entró a la casa, le quitó los lazos de las
cabecitas a sus hermanas y las abrazó y besó a todas
a la vez.
El padre y la madre de Clarita entraron y las vieron
y todos rieron felices.
FIN

ESTABA UN NIÑO SENTADO
JUGANDO CON SUS MANITAS
Y SIN QUERER EVITARLO
¡ A SUS DEDITOS! ECHO UNA MIRADITA...
¡Mami ... ¿Cuántos deditos tiene mi mano? Preguntó el niño, con curiosidad a su mamá.
5 deditos tiene tu mamo...¡Mi amor! Respondió la mamá a su hijo.
¿y mis deditos tienen nombres... mami? Insistió el niño.
¡Sí, cariño! Cada uno de tus deditos tiene un nombre. Explicó la mamá.
¿y cómo se llaman mis deditos? Volvió a preguntar el niño.
¡ Bueno cariño, eso es muy fácil! Le dijo la mamá al niño.
el gordito se llama Pulgar, el que le sigue es Indice, el largo es Cordial o dedo del Corazon, el que viene es Anular y el pequeñito se llama Meñique. Le explicó.
¡Que nombres tan raros, mami! ¿Cómo voy a poder aprendérmelos? Le dijo el niño, preocupado a su madre.
¡Con una historia!. Yo te voy a contar quien es cada uno de tus deditos y seguro que así, podrás recordar los nombres de tus cinco deditos. Tranquilizó la madre al niño.
La madre sentó al niño en sus piernas y acariciándole sus deditos, le dijo:
Pulgar que es gordito
le diremos pulgarcito
le encanta el dulcecito
y jugar con su papito.
Indice es el dedito pensante
Te dice que sí o no, sin mucho esforzarce
Con el teléfono le gusta jugar
Y de lejos, si quiere, te puede llamar.
Cordial es el más alto
Y es quien cuida a los deditos.
Es el dedo enamorado
Y lo llaman Corazoncito.
Anular es vanidoso
Y le encanta la belleza
Por eso esta contento
Si le obsequias una prenda.
Meñique es el chiquito
¡y no come el muy pillito!
Por eso es tan flaquito
Y lo cuidan los deditos.
¡Oh mami! Me encanto la historia de mis deditos. Ahora si me voy a acordar del nombre de cada uno. Pulgar,Indice,Cordial,Anular y Meñique. Le dijo el niño muy contento a su mami.
¡Que bueno mi amor que te gusto el cuento!. Ves que es muy fácil aprender jugando...ahora ya te sabes los nombres de tus deditos. Expresó la madre con ternura al niño.
_¡Si mami! Ahora puedo jugar con ellos y llamarlos por sus nombres, porque ellos son mis amiguitos y lo mejor de todo es que son mios, ¡son mis 5 deditos!.

La Pequeña Mujercita
Había una vez una mujer que era tan pequeñita pero tan pequeñita, que cuando caminaba por la calle la gente la tropezaba porque no la podían ver.
El ir al supermercado o a hacer cualquier diligencia fuera de su casa se había convertido en un verdadero martirio para ella.
Cuando lograba llegar al supermercado,necesitaba de mucha energia y coordinación para manejar el carrito donde lanzaba cada producto que necesitaba comprar. Mientras caminaba, la gente miraba con sorpresa como un carrito se desplazaba solo a través de los pasillos, y con frecuencia comentaban:
- Oh ya inventaron un carrito automático, que maravilla!!
Otros se asustaban pensando que el carrito era empujado por un ser invisible
Pero cuando se acercaban a curiosear,descubrían apenados a la diminuta mujer haciendo uso de toda su fuerza para lograr llegar a la siguiente estanteria..
Las personas, por respeto y consideración, desviaban la mirada hacia otra parte antes de que la pequeña mujer se diera cuenta de que la estaban observando.
La parte mas complicada era la de colocar los productos en la caja registradora y el proceso de pagarlos.
Ya estaba acostumbrada a ver desde allá abajo con cara de incógnita y preocupación, a la cajera moviendo su cabeza de derecha a izquierda en búsqueda del cliente responsable de esos alimentos,mientras daba saltos desesperados tratando de que la amable señorita lograra ver su mano en uno de esos difíciles ascensos.
Una tarde llegó a su casa agotada de tanto esquivar a los demás peatones para que no la atropellaran, y se subió en una silla a meditar. Tenía que existir alguna solución para su problema, o algún día iba a recibir un gran tortazo en plena calle.
Después de pasar una hora pensando, decidió que la solución sería comprarse un enorme sombrero de algún color llamativo, y así sería muy fácil que la vieran desde lejos.
Saltó de la silla y salió a la calle rápidamente para dirigirse a la tienda de sombreros más cercana. Una vez adentro se detuvo a recuperar el aliento, pués había visto un perro a lo lejos y corrió para alejarse de el.
Luego caminó hacia los estantes de sombreros para dama y de inmediato vió el sombrero perfecto. La vendedora de la tienda, quien se encontraba sola en ese momento, la pudo ver con facilidad, parada en el centro de la tienda.
- Buenas tardes, se… señorita, la puedo ayudar en algo?preguntó la vendedora.
-Si, buenas tardes. Por favor, quiero medirme aquel sombrero verde.
Sin decir palabra, la asombrada vendedora se acercó al estante donde se encontraba el sombrero y se lo dió a la menuda mujer.
- Aquí tiene.
- Muchas gracias, contestó la mujercita con altivéz, tratando de disimular su bochorno. .
Pero cuando puso el sombrero en su cabeza, desapareció por completo. El sombrero la cubrió en su totalidad. La vendedora enrojeció y dió la espalda a la mujercita.
- Asistenta?
- Si señorita? contestó la vendedora sin voltear.
- Podría por favor ayudarme a quitarme este sombrero?
- Cómo no señorita. No faltaba más.
La vendedora se acercó lentamente y retiró el sombrero. Sintió pena al ver que la mujercita se encontraba algo despeinada.
La mujercita sintió tanta verguenza que se despidió de inmediato y se dirigió hacia la salida. .
Pero cuando puso el sombrero en su cabeza, desapareció por completo. El sombrero la cubrió en su totalidad. La vendedora enrojeció y dió la espalda a la mujercita.
- Asistenta?
- Si señorita? contestó la vendedora sin voltear.
- Podría por favor ayudarme a quitarme este sombrero?
- Cómo no señorita. No faltaba más.
La vendedora se acercó lentamente y retiró el sombrero. Sintió pena al ver que la mujercita se encontraba algo despeinada.
La mujercita sintió tanta verguenza que se despidió de inmediato y se dirigió hacia la salida. .
Entonces, comenzó a caminar casi rozando las vidrieras de las tiendas para asegurarse de que no la tropezaran, y de pronto, encontró la siguiente posible solución.
- Si, esos zapatos solucionarán mi situación.
Entró a la zapateria y los vendedores estaban vestidos como punks. Todos la observaron paralizados, y uno de los chicos se le acercó.
- En qué puedo ayudarte, pequeña?
- Quiero probarme esos zapatos por favor.
La mujercita escuchó varias risitas ahogadas desde la parte de atrás de la tienda, pero decidió no dejarse intimidar.
- Qué número dulzura? le preguntó el jóven.
- Obviamente la más pequeña que tenga. Respondió la mujercita con cinismo.
- Muy bien. Contestó el chico.
Cuando el vendedor regresó con los zapatos, la mujercita le pidió que se los pusiera y que se los amarrara como pudiera a los tobillos, pués los zapatos eran unas grandes plataformas rodeadas de largas trenzas.
Una vez finalizada la ardua tarea, la pequeña mujer se agarró de la mano del vendedor, quien ya le empezaba a caer bien, y ambos caminaron unos centímetros hacia el espejo más cercano.
Cuando se observó le pareció que ofrecía un espectáculo espantoso, pués imaginense una persona tan pequeñita montada sobre sendas plataformas. Pero no le importó, ya sería más fácil que la vieran caminar por las aceras.
Pero cuando decidió caminar por si sola, perdió el equilibrio de inmediato y fué a caer sobre un grupo de cajas de zapatos que una chica estaba organizando en ese momento.
Salió de la tienda tan pronto el chico le quitó los zapatos, y decidió volver a su casa. Su problema aparentemente no tenía solución.
.
En eso, divisó a lo lejos una venta de pelucas y se le encendió el bombillo nuevamente.
- Claro, esa es la solución, una gran peluca!!!! exclamó.
Entonces caminó hacia la tienda y entró sin pensarlo mucho. Se compraría una peluca roja.
No podía creer la variedad de pelucas que veía. Y en uno de los estantes pudo ver la que buscaba. Era una peluca larga, pero en la parte de arriba era corta y estaba peinada con un estilo parecido al de las chicas de la zapateria, muy levantado adelante. Esa era la respuesta que buscaba.
- Por favor señor, quiero probarme esa peluca
El vendedor dió un salto y colocó sus manos en su pecho pués como no la había visto, no sabia de donde provenía la voz.
El pobre señor comenzó a mirar a todos lados y lucía muy confundido.
- Aquí, señor, aquí, abajo. Hola!!!!
El señor al fin miró hacia abajo y vió a la mujercita dando saltos nerviosos mientras le decía:
- Cálmese señor, cálmese, aquí estoy.
- Hay señorita que casi me mata. Discúlpeme por favor, pero es usted tan menudita.
- Si , ya lo sé, ya lo sé. Precisamente por eso estoy aquí. Estoy buscando una forma de que la gente me vea en la calle para que no me pateen sin querer.
- Hay Dios mio, y cómo puedo yo ayudarla?
- Pués páseme esa peluca roja, esa, no,la de al lado, esa si.
-Aquí tiene señorita. Quiere que se la ponga?
- Si por favor.
- Venga y sientese en esta silla frente al espejo.
El señor colocó la peluca en la cabeza de la mujercita, pero en vista de que casi sucedió lo mismo que con el sombrero, el conmovido señor le hizo unos arreglos, tomando unas medidas aquí y allá, y logró ajustarla a la pequeña cabecita de la impresionada mujer.
No podía creer lo que veía. Se paró en la silla para poder contemplarse en el espejo y lo único que podía ver era una gran cantidad de cabellos rojos parados, brillantes y saludables,pero su cara y su cuerpo eran casi imperceptibles, pero eso no importaba, ya no pasaría desapercibida por las calles.
La mujercita salió a la calle muy emocionada con los resultados de su búsqueda. Comenzó a caminar hacia su casa, y por primera vez en su vida, pudo observar que la gente la miraba y se hacían a un lado para dejarla pasar. Todo el mundo la miraba con curiosidad, pero no le importaba, ya formaba parte del grupo de peatones de esa ciudad, y eso la hacía muy feliz.
Regresó a su casa y esa noche durmió felíz. Al día siguiente saldría al supermercado y además iría a visitar a una vieja amiga para que le diera su opinión sobre la peluca.
En la mañana salió a la calle muy contenta e inició su recorrido. Lo único que se apreciaba andar por la calle era una gran peluca roja y dos pequeños zapatos negros que la sostenían.
Cuando llegó a la esquina, se detuvo para esperar a que la luz del semáforo cambiara para cruzar la calle, cuando de pronto, sintió que algo le halaba la peluca y se la arrancaba de un solo tiro.
Volteó espantada para ver a un gran perro corriendo a lo lejos con su amada peluca entre los dientes.
La mujercita se sentó en la acera y comenzó a llorar. Había gastado mucho dinero en esa peluca y estaba felíz de haberlo hecho.
A los minutos se levantó y decidió igualmente ir al supermercado, pero cambió de opinión. Mejor iría primero a la casa de su amiga. Necesitaba contarle a alguien lo que le había pasado.
Iba caminando con gran tristeza, cuando pudo ver la misma tienda de sombreros que había visitado el día anterior. En eso, una señora que caminaba muy apurada le pateó en una de sus pequeñas piernitas con la punta de sus zapatos .
- Hay, Hay, Hay, saltó la mujercita dando gritos de dolor.
En eso, la vendedora de la tienda la vió y salió para ayudarla.
En vista de su dolor, la cargó con ternura y la colocó en una de las cómodas sillas de la tienda.
- Hay, señorita, qué le ha sucedido?
- Una señora que no me vió me pateó con la punta de su zapato.
- Cuanto lo lamento, quisiera buscar una manera de ayudarla. Por eso es que quería comprarse el sombrero?,para que la vean con más facilidad?
- Si señorita, la verdad es que nadie me ve, y no es la primera vez que alquien tropieza conmigo.
- Quizás yo tengo la solución para usted.
- Si?
La vendedora agarró el mismo sombrero verde que la mujercita se había probado el día anterior, sacó unas tijeras de la gaveta, y trabajó en el sombrero durante unos minutos.
-Venga señorita, vamos a pararnos frente al espejo.
La mujercita saltó de la silla, aún con dolor en su piernecita,y se paró frente a la vendedora.
- A ver, así, muy bien, perfecto. Ya, qué le parece? preguntó la vendedora.
La mujercita volteó para encontrarse en el espejo, con un gran sombrero a través del cual podía ver. La vendedora le había abierto dos grandes agujeros al nivel de los ojos.
- Se lo regalo!
- Muchas gracias, es usted muy buena, adiós.
- Hasta pronto. Pase a visitarme de nuevo por favor.
- Si, lo haré..
Un gran sombrero verde salió de la tienda, desplazandose rápidamente, y una vez más la mujercita cautivó las miradas de los curiosos.
Caminó y caminó la mujercita hasta llegar a la casa de su amiga. Cuando esta abrió la puerta y vió al sombrero con grandes ojos tristes mirándola, no supo qué decir.
- Manuela?
- Si, Manuela.
- Pero, qué haces con ese sombrero?
- Es una larga historia amiga.
- Entra, entra, por favor. Vamos a sentarnos en el jardín y ya me lo contarás.
Cuando Manuela se quitó el sombrero, estaba mojada de pies a cabeza, había sudado tanto gracias al pesado sombrero, que parecía que salía de una piscina.
Su amiga tomó el sombrero y lo colgó de una de las cintas de secar la ropa en el jardín, y las dos se sentaron a tomar limonada.
Manuela le contó todo lo sucedido a su gran amiga, y ambas se rieron y lloraron juntas.
Entonces, el perro de la amiga de la mujercita salió al jardín y Manuela asustada se paró en la silla.
- Mota,vamos adentro, adentro. dijo la amiga de la mujercita.
Pero el perrito se acercó tiernamente a Manuela, y se dejó acariciar por ella. Desde ese momento no se separó de ella y Manuela se encariñó también con él.
Una hora más tarde, el perrito comenzó a jugar con ella y le hizo señas de que se montara sobre él. Entonces Manuela, con la ayuda de su amiga, se sentó sobre el perrito como si este fuera un caballo.
Durante un largo rato, los dos jugaron en el jardín y Manuela se sentía felíz y en confianza con Mota.
Fué entonces cuando la decisión final llegó a la mente de ambas amigas. Esa era la solución. Las dos rieron y se abrazaron.
Desde ese día Mota viviría con Manuela y la acompañaría a todas partes.
Cuando se despidieron, Manuela iba dichosa sentada sobre Mota, quien fué desde ese día su compañero inseparable.
FIN